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DEMOCRACIA Y REBELDÍA EL CONCEPTO DE “RESISTENCIA” EN EL HOMBRE REBELDE DE ALBERT CAMUS : ELEMENTOS PARA LA COMPRENSIÓN DEL MOVIMIENTO CIUDADANO 15M.

Introducción

A diferencia de otros autores presentados en este coloquio (como Albertina Carri o Pierre Perrault) que no gozan de gran popularidad fuera del ámbito especializado, ¿quién no conoce a Albert Camus ? Como probablemente nada de lo que diga aquí sobre su vida y su obra sea nuevo para Vdes, mi presentación será escueta.

Albert Camus nace en Argelia en 1913 y muere súbitamente en 1960. Fue periodista (participó en la Resistencia publicando en el periódico clandestino Combat durante la guerra), autor de novelas (El Extranjero publicado en 1942, La Peste en 1947), autor de teatro (Calígula que data de 1939, El Malentendido de 1944, Los Justos de 1949), fue también ensayista (El Mito de Sísifo de 1942 y por supuesto El Hombre rebelde de 1951) y recibió el Premio Nobel en 1957.

Esta trayectoria de éxito fulgurante se vio brutalmente truncada en 1960, en accidente de coche (un Facel-Vega conducido por el editor y amigo Michel Gallimard). Ahí, como suele decirse, acaba el hombre y empieza el mito : nace una especie de James Dean de las letras galas, un rebelde “a la francesa”, es decir “con causa”, un cartesiano del siglo XX que transforma el racionalismo abstracto y propone un nuevo cogito intersubjetivo : “Me rebelo, luego somos” .

Como todo “mito”, Camus fue una figura controvertida. Según algunos cometió una “falta imperdonable” : discurrió a contracorriente de sus contemporáneos, y en particular del poderoso Sartre, al declarar en los años de la posguerra y de la guerra fría “el fin de las ideologías”. Camus desconfía de lo que llama la “divinización de la historia”. Reclama para el sujeto, contra la astucia de la razón hegeliana y también contra las estructuras totalitarias del estalinismo (desde 1937 Camus ha roto con el Partido Comunista) la acción política y cultural. En este sentido, abandera desde sus años de juventud en Argelia esa lucha. Semejante compromiso le lleva a fundar, en 1934, el “Teatro del trabajo” cuyo objetivo es hacer llegar el repertorio del teatro clásico a los trabajadores ; milita a favor de los derechos de la población argelina autóctona (su serie de artículos “Miseria de Kabilia” aboga en este sentido) ; en 1936 publica el drama colectivo Revuelta en Asturias que se hace eco de una huelga de mineros que se salda con un baño de sangre. Camus se compromete, pero no es un intelectual “engagé” al uso. La publicación de El Hombre rebelde no hará sino marcar la distancia respecto de la “ortodoxia” cultural imperante.

El hombre rebelde

El ensayo de Camus se publica en 1951 y rápidamente recibe sonoras críticas por parte de la izquierda comunista. La tesis que allí defiende se distancia tanto de las posiciones “burguesas liberales” como del “materialismo histórico marxista”. El hombre rebelde sostiene que el mal es intemporal y que la rebeldía es la actitud que mejor representa al ser humano que afronta solo y con lucidez su existencia mortal. Su posición de “moralista ateo” supone una excepción en el contexto intelectual y político de la posguerra. Camus es especialmente sensible a la miseria económica y a la opresión política, lucha contra la injusticia concreta y el sufrimiento real. Desde su anterior ensayo El mito de Sísifo, ha evolucionado hacia la solidaridad en acto y confía en la “honestidad” individual para “transformar” el mundo. Por honestidad Camus entiende :
-  La búsqueda de la verdad mediante el diálogo sincero, ajeno a toda retórica ;
-  La destrucción de las formas espectaculares del compromiso ;
-  Una moral de la acción basada en una visión trágica de la condición humana. Entre sus personajes de ficción, el médico narrador de su relato La Peste parece encarnar esa honestidad discreta y valiente que hace lo que tiene que hacer sin aspavientos.

¿Qué es “ser rebelde” ? El hombre rebelde, tal y como lo define Camus es “un hombre que dice no” aún a sabiendas de su contingencia y del carácter precario de toda victoria. Es un hombre que mediante su negativa se rebela positivamente para afirmar su valor como ser humano. Es aquél que lucha para evitar que la opresión instaurada políticamente se sume al sufrimiento inevitable, natural. Es también un hombre situado antes o después de lo sagrado, implicado en reivindicar un orden humano donde todas las soluciones sean formuladas mediante la razón, sin justificaciones transcendentes, sin metafísicas del consuelo. Es por último un hombre solidario para quien “el mal que abruma a un solo hombre se vuelve peste colectiva” .

¿En qué medida esta concepción del ser humano como ontológicamente rebelde permite entender los movimientos de protesta, de indignación, de resistencia, surgidos en España en los últimos tiempos ?

El movimiento 15M

A diferencia de la lucha desarrollada por Camus en Argelia en los años 40 del pasado siglo, para los ciudadanos de las actuales democracias liberales formales, la reivindicación política reside en la defensa del ejercicio mismo de la ciudadanía. En España nuestros gobernantes, sometidos a los nuevos “imperios” – económicos, financieros y mediáticos – parecen incapaces de sacarnos de una crisis que reconocen no controlar. Dicha crisis, económico-financiera en un primer momento, es hoy eminentemente política y social : la confianza en la democracia representativa se hunde al tiempo que la “indignación” retoma las calles en este primer aniversario del Movimiento 15M. 

El movimiento 15M, surge de forma espontánea como plataforma de protesta ciudadana poco antes de las últimas elecciones municipales y autonómicas del 22 de Mayo de 2011. Lo que el movimiento lleva reclamando desde hace un año es la capacidad real del ciudadano para participar en la toma de decisiones que incumben al “bien común”. Lo que persigue es, a mi modo de ver, construir para la democracia una verdadera “opinión pública”.

Me apoyo aquí en el análisis que Ramón Vargas-Machuca hace de la evolución reciente, desde los años 90, de las democracias constitucionales. En él señala la transformación de los partidos “en maquinarias electorales” con personalización en un líder y conversión “de la organización en un reducido colectivo de activistas profesionales reclutados a la baja.” Señala además, “la herencia del liberalismo predominante en los ochenta ha terminado convirtiendo en hegemónica la tendencia a substituir la política por el mercado como principio de regulación de la entera vida social.” Vargas-Machuca denuncia así el anquilosamiento de la democracia, secuestrada por los partidos y sus líderes “carismáticos” y la mercantilización de la vida política y social.

Lo que me interesa especialmente aquí es la dimensión ético-política del movimiento 15M y en particular su función de “revulsivo democrático” que dice “basta ya” a la incompetencia, a la irresponsabilidad y a la impunidad de quienes nos gobiernan y gestionan las cuentas públicas. Este momento negativo, reactivo, nace sin embargo del sentimiento de que los valores democráticos han sido traicionados, de ahí la “in-dignación”, generada por una democracia “sin dignidad” (privación a la que literalmente remite el término indignación). Reconstruir una “opinión pública” democrática significa hoy cuestionar el circo mediático electoral y la reducción del votante a un mero consumidor, rechazar el imperio de lo económico sobre lo político y denunciar la manipulación informativa. Se trata de rebelarse contra un sistema que no sólo genera injusticia, sino que lo hace con la mejor de las conciencias.

Fue esa misma rebeldía ética y política la que Albert Camus analizó y defendió contra los regímenes totalitarios de su tiempo. Ante la descalificación que el movimiento de protesta 15M recibe hoy de los medios propagandísticos afines a nuestros gobernantes, para quienes sus componentes serían fundamentalmente violentos agitadores anti-sistema, conviene recordar que Camus distinguía la rebeldía tanto del nihilismo como del misticismo revolucionario, ambos mortíferos. ¿Es posible reconstruir, a partir del concepto de rebeldía, la maltrecha “soberanía ciudadana” ? ¿Los “indignados” son “rebeldes” en el sentido camusiano ?

La ocupación del espacio público y el debate democrático

Lo primero que llama la atención en la existencia del 15M es la forma de presencia y actuación elegidas : el movimiento ha optado por una “ocupación”, física pero también simbólica, que lo sitúa en la tradición política de la democracia asamblearia griega. La voluntad de transformación socio-política pasa, en primer lugar, por recuperar el espacio público – el antiguo ágora- para el debate y las relaciones humanas.

Resulta paradójico que en la época de los medios telemáticos, de los recursos multimedia y de las nuevas redes de comunicación, los ciudadanos del 15M opten por un modelo de deliberación política con más de 2500 años y reclamen la proximidad real, la de carne y hueso, y el debate con toda su carga humana, racional y afectiva para salir del impasse de nuestras democracias representativas formales.

Vargas-Machuca advertía en 2001 de la perversión democrática que generan las nuevas formas tecnológicas “de participación inmediata y directa, los debates en televisión, los “chats” en Internet, ágoras en el ciberespacio y otras experiencias análogas de diseño participativo” que “se explotan como “el no va más” al precio de dejar a las instituciones democráticas sin oportunidad de tomar decisiones informadas y reflexivas.”

Los “indignados” parecen haber tomado conciencia del peligro de esos foros telemáticos donde lo inmediato suplanta a la mediación racional, pero tampoco confían ya en unas instituciones parlamentarias que sirven intereses espurios. Ante ello hacen revivir el viejo modelo asambleario para reconstruir la “opinión pública”.

La opinión pública como oportunidad de un poder crítico ajeno a la corrupción

El mismo Vargas-Machuca recuerda que “la relación entre opinión pública y democracia está en el origen de la democracia moderna. Como buena parte de la lexicografía democrática, el término “opinión pública” se fraguó en los prolegómenos de la Revolución Francesa y alude a un público de ciudadanos que tienen una opinión sobre la gestión de los asuntos de interés general y el bien común basada en una información solvente.” Una democracia real se asienta sobre la convergencia del interés subjetivo de los ciudadanos y de las condiciones objetivas de información veraz.

Añade Vargas-Machuca : “la relación democracia-opinión pública hunde sus raíces en aquella creencia de la polis griega según la cual entre la institución de la democracia y las técnicas autocríticas y analíticas del pensamiento existe afinidad electiva. Ambas se apoyan en las prácticas de la discusión pública y en la aceptación del razonamiento como base de las conclusiones.”

A mi modo de ver, el mérito teórico-práctico del 15M consiste en el gesto “físico y simbólico” de recuperación de la deliberación racional en un espacio público accesible a todo ciudadano.

Fue el filósofo utilitarista Bentham, a principios del XIX quien vio, como recuerda Vargas-Machuca, en lo que él llamaba “el tribunal de la opinión pública” la principal institución expresiva del interés público y de las posibles estrategias de reforma de lo político. El valor de este “tribunal de la razón” reside en que la opinión pública, “que es una fuerza no controlada por el gobierno, actúa como su verdadera oposición, ya que al no competir con aquél por los mismos recursos de poder no puede ser corrompida al modo como lo pueden ser los funcionarios del gobierno.“

Para Bentham, “la limitación del poder venía garantizada no sólo porque los gobernantes tienen que dar cuenta periódicamente sino porque existe el tribunal de una opinión pública autónoma” . Bentham consideraba dos requisitos :
-  “el ansia de verdad”, “si faltara ese fondo de respeto a la verdad y de búsqueda de la objetividad, la libertad de expresión no significaría nada” ; la verdad se entiende aquí como el valor representativo del discurso ;
-  “el pluricentrismo”, “ya que es la pluralidad de voces, la opinión de muchos públicos, lo que corrige la subjetividad, unilateralidad o incluso falsedad de los mensajes de las fuentes particulares.” No se trata aquí de construir un nuevo “discurso único” del bien común a base de eslóganes.

El 15M, con sus prácticas de debate asambleario contribuye a que el espacio público no se transforme en espacio mediático reducido a “campañas de marketing, sondeos de opinión, imágenes, eslogan y titulares llamativos” , en suma puestas en escena. Vargas-Machuca propone una acertada metáfora crítica de la democracia : “El hecho evidente es que asistimos a una nueva performance de la democracia basada en imágenes (triunfo de la política espectáculo) más que en programas, en emociones (preeminencia de la política protestona y del “brochazo”) más que en reflexiones, en la confianza en un líder y no en la idea de mandato, en la popularidad y no en el consenso sobre políticas.”

Conclusión :

Ante ello, la rebeldía que mueve al 15M es una actitud de higiene democrática y una denuncia del estado precario de la representación parlamentaria. Es deseable y democráticamente justo que la voz de la “opinión pública” sea escuchada y sirva para reformar unas estructuras políticas y económicas que ni siquiera generan las condiciones de bienestar general que dan legitimidad a las democracias liberales. Ni Camus ni los “indignados” son revolucionarios : desconfían de la retórica del sacrificio (patriótico), apelan a la honestidad, al diálogo, a la felicidad a escala humana… Semejante “rebelde” puede parecer poco ambicioso, poco “épico”… Es en cualquier caso el referente que tenemos “aquí”, en la España “crítica” del siglo XXI.

Bibliografía :

➢ Educar en la ciudadanía, Adela Cortina y Jesús Conill editores, Instititució Alfons el Magnànim, 2001.

➢ R. Vargas-Machuca, “Partidos políticos”, en 10 palabras clave en Filosofía Política, evd, 1998.

➢ John Dunn, Democracia, el viaje inacabado (500 a.C.-1993), Barcelona, Tusquets, 1995.

➢ Jeremy Bentham, On the liberty of the Press and Public Discussion, Londres, William Hone, 1821

 
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